Cada día, las empresas compiten por captar la atención. Publican contenido, comparten novedades, invierten en marketing e intentan situarse frente al público adecuado. Sin embargo, la atención es pasajera. Llega rápidamente, desaparece con la misma rapidez y, a menudo, deja muy poco tras de sí.
La autoridad funciona de otra manera.
La autoridad se construye a través del reconocimiento. Se desarrolla cuando vuestra experiencia aparece de forma constante en torno a los temas que mejor domináis. Crece cuando las personas empiezan a asociar vuestra empresa con respuestas útiles, orientación fiable y conocimiento auténtico.
Mucho antes de que una empresa llegue a ser considerada de confianza, primero tiene que ser reconocida.